La inversión inmobiliaria en Europa respira con optimismo en este primer trimestre de 2026, con proyecciones que sitúan el volumen transaccional en los 52.000 millones de euros, un 6% más que el año anterior. Según los últimos informes de consultoras internacionales, el capital institucional está virando con fuerza hacia sectores operativos y «niche» que ofrecen mayor resiliencia ante la volatilidad macroeconómica. Los centros de datos, las residencias de estudiantes y las infraestructuras energéticas se han convertido en los activos estrella, superando en interés al retail tradicional. Además, la «reutilización adaptativa» y la rehabilitación bajo criterios estrictos de sostenibilidad (ESG) ya no son una opción, sino un requisito para mantener el valor de los activos de oficinas en ciudades como Madrid y Berlín. En 2026, el valor ya no reside solo en la ubicación, sino en la capacidad del activo para generar rendimientos eficientes en un entorno de costes operativos al alza y normativas climáticas cada vez más exigentes.